🗓️ Octubre, 2026
El arqueólogo Néstor Rojas, doctor en Antropología por la UCN-UTA, identificó 20 configuraciones de paisaje y ocho fenómenos que transformaron la historia de Tocopilla, entre terremotos, tsunamis, aluviones y acontecimientos políticos.
Un antiguo cementerio que terminó convertido en cancha de béisbol y que, tras un terremoto, también sirvió como campamento de emergencia. Esta es parte de la historia de un mismo espacio de Tocopilla que el arqueólogo Néstor Rojas Arias reconstruyó mediante una investigación que combina excavaciones arqueológicas, registros históricos y testimonios de sus habitantes.
“Entre 1830 y 2015 identificamos 20 configuraciones de paisaje y ocho irruptores, seis naturales y dos antrópicos”, señaló el investigador. Sus resultados muestran que un lugar puede experimentar profundas transformaciones, no solo en su apariencia física, sino también en los usos y significados que las comunidades le atribuyen.
Para comprender estos procesos, Rojas propone el concepto de “irruptor”, con el que identifica aquellos fenómenos capaces de provocar quiebres significativos en la historia de un paisaje. Entre ellos se encuentran terremotos, tsunamis y aluviones, pero también acontecimientos políticos que modifican las formas de habitar y utilizar determinados espacios.
Las distintas vidas de un mismo lugar
Uno de los principales escenarios de la investigación fue el sitio arqueológico conocido como Diamante de Béisbol (o el Panteón), en Tocopilla. Allí, las excavaciones dirigidas por Rojas permitieron recuperar aproximadamente 14 mil piezas y documentar cerca de 54 contextos funerarios.
Durante el siglo XIX, el lugar fue utilizado como el primer cementerio de Tocopilla. Sin embargo, distintos acontecimientos modificaron su historia. El tsunami de 1877 cubrió parte del cementerio con arena y alteró los enterramientos, aunque la comunidad mantuvo sus vínculos con el lugar y posteriormente recuperó las prácticas funerarias.
La situación fue diferente después del aluvión de 1940, que provocó nuevos daños y dio paso a un prolongado proceso de abandono. Con el tiempo, el espacio comenzó a utilizarse para otras actividades y, en 1968, se inició la construcción de una cancha de béisbol sobre parte del antiguo cementerio.
Décadas después, tras el terremoto de 2007, la cancha albergó temporalmente a familias damnificadas, incorporando otra experiencia a la historia del lugar.
“Para reconocer un paisaje no basta con encontrar los materiales, necesitamos también aproximarnos a los usos y los significados”, sostuvo Rojas. Estos antecedentes permiten comprender que la transformación física de un espacio no significa necesariamente la desaparición de su paisaje. La memoria, las prácticas sociales y las relaciones que las personas mantienen con un lugar también determinan su continuidad.
Cuando los acontecimientos políticos transforman el paisaje
La investigación también considera acontecimientos de origen humano, como el proceso de chilenización posterior a la Guerra del Pacífico y el golpe de Estado de 1973. Ambos permiten examinar cómo las relaciones de poder, las restricciones de circulación y los nuevos usos de edificios y espacios públicos pueden transformar profundamente un paisaje, incluso cuando sus estructuras materiales permanecen.
“El espacio puede permanecer mientras que el paisaje cambia y una alteración material profunda no necesariamente provoca su desaparición”, explicó Rojas.
El arqueólogo sostiene que los paisajes no deben entenderse como escenarios permanentes sobre los cuales simplemente se acumula la historia. Por el contrario, pueden persistir, transformarse, superponerse con otros o desaparecer, dependiendo de las relaciones que las comunidades establecen con ellos.
El doctor Dante Angelo, académico de la Universidad de Tarapacá, destacó la importancia de esta investigación para comprender cómo se construyen y transforman los paisajes, incorporando también las relaciones de poder y las decisiones humanas. En sus comentarios, advirtió que la vulnerabilidad frente a fenómenos como los aluviones y tsunamis no depende únicamente de la fuerza de la naturaleza, sino también de las condiciones y acciones humanas que intervienen en la ocupación del territorio.
La investigación fue presentada en el marco del ciclo de charlas conmemorativo por los 20 años del Doctorado en Antropología, programa conjunto de la Universidad Católica del Norte y la Universidad de Tarapacá.